🎭✨ Sabores que NO existen… pero igual sentimos
(y por qué nuestro cerebro se inventa cosas deliciosas)
¿Alguna vez probaste algo y dijiste:
“¡Tiene un gusto metálico!”
o
“¡Esto sabe frío!”
o
“Es un dulce tostado, como acaramelado…”
🤔 Spoiler: ninguno de esos sabores “existe” como sabor básico… pero los percibimos igual.
Acá te cuento el porqué 👇
🔬 1. El cerebro mezcla señales diferentes
Solo tenemos 5 sabores básicos reales:
• dulce
• salado
• ácido
• amargo
• umami
Todo lo demás NO es un sabor…
pero nuestro cerebro combina información de:
• receptor de temperatura
• receptores táctiles
• química de moléculas aromáticas
• incluso ¡señales de dolor!
➡️ Y crea una ilusión de sabor donde no la hay.
🧊 2. “Sabor frío”: cuando la temperatura engaña
El mentol no es un sabor, activa un receptor llamado TRPM8.
Es un sensor de frío.
El cerebro, confundido pero feliz, traduce:
➡️ “Esto tiene sabor a frío”.
🔥 3. “Tostado” o “acaramelado”: sabores que vienen del aroma
Cuando algo se tuesta, carameliza o pirotiza, se generan compuestos aromáticos:
• maltoles
• furfurales
• pirazinas
• aldehídos tostados
Son aromas, no sabores.
Pero llegan a la boca y el cerebro hace magia:
➡️ “Esto tiene gusto tostado.”
🪙 4. “Metálico”: un falso sabor muy convincente
Ese “gusto a metal” no viene de un sabor real.
Se produce porque ciertas moléculas oxidan proteínas en la saliva.
El olor liberado después se siente como “sabor metálico”, pero…
➡️ es aroma + química + tacto.
🎯 5. Tu cerebro completa el cuadro
Nuestro cerebro odia los vacíos sensoriales.
Cuando algo activa aromas, texturas y temperatura al mismo tiempo, inventa un “nuevo sabor” para simplificar.
Es una forma de traducir la complejidad del mundo en algo que entendamos instantáneamente.
Los sabores que “no existen” son, en realidad, pequeñas ilusiones del cerebro.
Puentes entre lo que comemos, lo que sentimos… y lo que imaginamos.
Porque al final, degustar también es interpretar. 🍽️💛
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